Cada halloween toca decidir que disfraz vamos a ponernos, uno sexy o quizá uno tenebroso, o puedes ir de superhéroe que es lo que intento ser este año.
Halloween no es apto para cardíacos. Hay una sorpresa en cada esquina, algunas sorpresas son buenas y otras sorpresas son malas. Lo importante es no dejar que el miedo por la sorpresa te impida disfrazarte e ir a casa de los vecinos a preguntar "de que vas disfrazado?".
Así que, ¿qué será? ¿truco o trato?
Pero nada más lejos de la realidad. Todas las conexiones tienen que existir, en un patrón específico están diseñadas para cada función. Estas conexiones condicionan lo que somos, lo que nos gusta y lo que no, lo que decimos, lo que hacemos.
Apenas empezamos a conocer el alcance de las conexiones cerebrales. ¿Hasta donde llega su profundidad? Sabemos que todas las conexiones son importantes, todas son cruciales. El sistema de conexiones nos impulsa a actuar, elegir y comportarnos. Aveces contra nuestra voluntad, pero no es aleatorio, es el mapa de quienes somos.
Cuando estás en una misión de venganza tienes que mantener el control total sobre los riesgos, las emociones y tus enemigos. La mayor y única amenaza contra el éxito es perder el control sobre tus aliados.
Para poder recuperar el control a veces debemos renunciar a él. Haciendo eso, creemos que protegemos a los que queremos, a la gente sin la que no podemos vivir. Pero la verdad más peligrosa de todas es que el control es una mera ilusión.
Algunos creen que la confesión ayuda a un alma culpable a encontrar la paz... Liberarnos de la vergüenza y arrepentirnos de nuestros errores. Al enfrentarse a la mortalidad muchos sienten la necesidad de enmendar las cosas. Porque si no nos mata la muerte lo harán nuestros demonios.
Un corazón culpable es silencioso, su latido se amortigua por los secretos que guarda. Mientras algunos creen que las confesiones liberan a un alma torturada otros lo ven como un signo de debilidad. Porque, al final, lo que digas, lo que sientas por lo que has hecho es irrelevante. Porque la muerte es igual de despiadada.
Cada vez que entras en un quirófano tienes que darlo todo. Cuando los pacientes están sobre la mesa, a tu merced, deben saber que cuando haces el primer corte sabes lo que haces. Ninguna otra especialidad requiere de ese tiempo, esa concentración y esa dedicación. Salvo, tal vez, ser madre.
¿Y si pierdes la concentración y no puedes entregarte al máximo? ¿Ya no te quedará nada? Quizás sólo debas buscar un camino diferente. Eso es lo terrible, ¿Y si no puedes hacerlo todo? Quizás tengas que volver al principio y volver a empezar de cero.
Como cualquiera a quien alguna vez le hayan quitado las amígdalas puede decirte, la cirugía no es barata. Cuesta mucho dinero mantener abiertas las puertas de un hospital. Y cuando los fondos se acaban, es nuestro turno para salir y conseguir más, lo que significa que es el momento de maquillarse, es hora de vestirse adecuadamente, es hora de que comience el show de los teleñecos para... ¡mierda!, perdón. He estado viendo muchos programas para niños últimamente, pero pilláis la idea.
Música, cortinas, luces. Eso es todo, la noche de las noches. Esta noche, ¿qué alturas vamos a golpear? Adelante con el espectáculo. Eso es todo.